Aceite de cáñamo: propiedades y usos

Como hemos visto, el CBD, se absorbe muy fácil y efectivamente, penetrando en las diferentes capas de la dermis. Por este motivo, el producto más sonado es el aceite de cáñamo, diseñado específicamente para cumplir con ello.

Ello supone, principalmente y entre otras cosas, que mejore la circulación sanguínea, que ya estamos hartos de decir que es un truco principal y esencial para tener una mejor salud capilar. También mejora el sistema linfático, que no lleva sangre pero va a morir al aparato circulatorio, por lo que también nos conviene cuidarlo (además, ¡es un gran olvidado!).

El cannabis es capaz de aportar una más que interesante y natural dosis de hidratación al cabello (pues incluye mucho ácido gamma linoléico, encargado de este fin) al tiempo que hace que su brillo se multiplique, como lo hace también su suavidad. 

Sin embargo, la cosa no queda ahí, el CBD es capaz de realizar una reconstrucción efectiva de las fibras, fortaleciéndolas y volviéndolas flexibles (esto lo conseguimos, en parte, por su contenido en vitamina E) y, con ello, más versátiles a la hora de peinarnos y usar una mayor variedad de productos. También es capaz de combatir la caspa.

La proteína hace que la fibra, además de reconstituirse, lo haga con más fuerza, creando más cuerpo para cada una de las fibras y haciendo que estas sean más manejables si las cuidamos bien.

Finalmente, esa vitamina E que ya hemos presentado, se encarga de que, con los ingredientes adecuados, podamos crear potentes acondicionadores. Esta regenera las células ciliadas y, con sus ácidos grasos, sigue hidratando, que es el cometido de cualquier buen producto acondicionador.

 

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